La mejor manera de incentivar las compras en este momento es reacomodar de una vez por todas los precios de los departamentos. Bajar entre un 5 y 7% los valores de los inmuebles de 2 y 3 ambientes, de acuerdo a la zona, sería lo más lógico.
No son los grandes inmuebles, de 4 ambientes en adelante, los que presentan problemas con los precios, los que se cotizan a valores mayores son los más chicos, de 2 y 3 ambientes, que consecuentemente son los más buscados.
Bajar por lo menos esos importes no tendría tanta incidencia al final de una operación de compra-venta y ayudaríamos así a incentivar las compras en un alicaído 2004 que recién al finalizar parece levantarse; eso es lo que debiéramos entender todas las partes de una negociación.
La experiencia de las inmobiliarias es el mejor termómetro para confirmar que algunos precios deberían bajar, ya que a menudo muestran departamentos por días y días y nadie hace una propuesta; y más aún, se encuentran con compradores que, cuando la tasación está por encima del 10% de lo que podría costar el inmueble, los interesados ni siquiera lo pelean porque saben que al salir del lugar la oferta es mucha y buena.
En realidad después de la crisis económica nunca hubo una reorganización de valores, entonces creo que los inmobiliarios no debiéramos dejarnos llevar por nuestros clientes —también es cierto que nadie nos obliga— a tasar sus inmuebles como ellos quieren, sino como nosotros debiéramos de acuerdo a nuestro criterio y a los indicadores del mercado. Esa falta de límite es lo que año tras año nos ha llevado hasta aquí.
La actitud de bajar los precios deberíamos tomarla en conjunto entre los inmobiliarios y una señal positiva es que, como el mercado se puso realmente duro en estos meses, ya se ven precios más bajos.
A pesar de todo existe movimiento en el mercado, aunque es muy lento. Por un lado está el inversor neto, que compra departamentos, por lo general de dimensiones chicas, para rentarlos; y después está el usuario común que pretende ampliarse. Con estos dos perfiles se puede advertir que las cifras que más se manejan van hasta los U$S 110.000, y vemos que cuando los inmuebles pasan ese número las consultas decrecen notoriamente.
El 2005 podría ser el año movilizador, no sólo para activar el mercado sino para abrir caminos. En el 2004 la gente todavía se sentó a esperar, sobre todo el inversor que mira de reojo el reacomodamiento de la bolsa, ya que éste conoce que hay dos ciclos que se dan prácticamente igual. Cuando la bolsa tiene grandes ganancias, como sucede en este momento, posteriormente llega una muy buena etapa inmobiliaria; entonces eso augura una mejor tendencia para 2005.
Los bancos deberán trabajar para hacer que los créditos sean convenientes, porque hoy son inaccesibles. La diferencia de realidades es tan notoria con respecto a unos años atrás que, la gente que antes calificaba para un crédito, hoy apenas califica para un alquiler.
Obviamente que la suba de los salarios sería el puntapié inicial para acceder, pero los bancos deberían inventar propuesta para calificar: los primeros beneficiados podrían ser las personas con determinados años de antigüedad en una empresa tipo y un buen salario. Luego, paulatinamente, deberían extenderse a otro tipo de clientes.